Ludismo
Los luditas de la Inglaterra del s. XIX destruyeron maquinaria textil como parte de una lucha por sus salarios, sus condiciones de trabajo y el control sobre sus oficios. Conocían y utilizaban esas tecnologías, pero cuestionaban su empleo por parte de los propietarios para reducir costos, sustituir trabajadores y deteriorar sus medios de vida.
En un contexto de persecución de la organización sindical, destruir máquinas era una forma de presionar a los empleadores e intervenir en una relación de poder profundamente desigual.
Desde esta perspectiva, el ludismo permite entender la interrupción de una infraestructura productiva como una manifestación de la lucha de clases. Las máquinas materializaban decisiones sobre quién controlaba la producción, quién recibía sus beneficios y quién soportaba sus costos.
Atacarlas era disputar esas decisiones y la autoridad de quienes las imponían. La cuestión excedía el funcionamiento de un dispositivo: estaba en juego la capacidad de los trabajadores para decidir sobre las condiciones materiales de su propia existencia.
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